jueves, 8 de noviembre de 2007

CHILE: País Dividido

Por Eduardo Contreras

Los hombres y mujeres de izquierda lamentamos por supuesto el asesinato del funcionario de Carabineros Luis Moyano, deploramos el crimen perpetrado por los delincuentes que terminaron con su vida y nos sumamos a la exigencia de justicia. Justicia que, en todo caso, corresponde jurídicamente a los tribunales civiles y no a las Fiscalías militares como desgraciadamente ha sido la práctica de los gobiernos de la concertacionistas en este tipo de situaciones.
Pero eso es una cosa y otra bien diferente es llegar a las declaraciones y demostraciones extremas a que se ha llegado las que no hacen sino marcar la existencia de dos países distintos dentro del mismo Chile. Uno para los del sistema, para instituciones que de uno u otro modo pertenecen al aparato del Estado, y otro para los trabajadores, para esa inmensa mayoría desprotegida que es el pueblo sencillo. Comenzó el ministro del interior Belisario Velasco cuando comentó que se trataba de “Una bofetada a la sociedad”. La presidenta Bachelet fue más lejos al hacer patente su ira y afirmar que “disparar a un policía es dispararle a Chile”. El Director General de Carabineros, señor Bernales, ya había dicho hace poco que “cuando se mata a un Carabinero se mata al país”.

El señor Piñera y otros próceres de la misma derecha que hizo posible y sostuvo la dictadura militar clamaron al cielo por el delito cometido mientras los carabineros jubilados, sector entre los que hay muchos con cuentas pendientes por los crímenes de la dictadura, protestaron contra el gobierno por una supuesta mano blanda.

Ahora bien ¿Qué dijeron todos estos personajes, incluida la presidente y sus ministros, cuando los Carabineros asesinaron cobardemente al trabajador Rodrigo Alexis Cisternas durante la huelga de los forestales? ¿es que cuando agentes de Estado matan a un trabajador no es una “Bofetada a la sociedad”? ¿Es que cuando los muertos son del pueblo no les provocan ira a nuestras autoridades y no consideran que es “dispararle a Chile”?, este Bernales ¿no piensa que matar a un trabajador es “matar al país”? ¿Quién les dijo que vestir uniforme les da una categoría superior que les pone por sobre la sociedad cuando la historia reciente de nuestra nación indica precisamente lo contrario?.

El Carabinero fue ascendido póstumamente para favorecer a su familia; leo en el mercurio que la ayuda a la viuda y familiares implica además la entrega de 30 sueldos de una vez, más los beneficios “ampliados” que implica recibir 24 veces la última remuneración, más el montepío de por vida, más pago de un seguro, más los beneficios de la mutualidad y los de la Dirección de Previsión, más el apoyo a los hijos hasta los 21 años. Que bien, ojala así fuera para todos los trabajadores de Chile.

Pero y ¿que pasa con la familia de Rodrigo Cisternas, asesinado por Carabineros, que ganaba $60.000 mensuales y cuya viuda e hijos no reciben ni un solo peso de indemnización? ¿hay o no hay 2 Chiles bien diferentes?.

Vale la pena tener en cuenta que por fatal coincidencia, por las mismas horas, al otro lado de la cordillera, tres oficiales de la policía argentina, fueron asesinados por la espalda en condiciones harto más enojosas. Ante estos hechos, Felipe Solá, gobernador de la provincia de Buenos Aires, con firmeza y sobriedad, se limitó a sentenciar: “este es un duro golpe a la institucionalidad y contiene un mensaje mafioso, pero ahora hay que esperar que actué la justicia”. Palabras justas. Algo similar era lo adecuado en el caso local. El lenguaje desbocado de la autoridad, su reverencia indicimulada ante los uniformes, ratifica que de un lado están la derecha y el sector mas conservador de la Concertación, apegados a los aparatos defensores del status y por otro el amplio pueblo, desvalido pero mayoritarios. Mantener esa tajante división, extremar los privilegios de unos en detrimento de los otros, conduce inevitablemente a una confrontación extrema.

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