Claudia Espinóza es Directora Regional de Valparaíso del Programa Adopta un Hermano de Cuando a comienzos del año escolar se reinicia la discusión sobre la calidad de la educación y las consecuencias que la desigualdad tiene en el acceso de los jóvenes a la educación superior. Sobretodo cuando recientemente hemos conocido que apenas un tercio de los cupos universitarios destinados al 5% de los alumnos más destacados de colegios subvencionados fueron utilizados.
Sin embargo, a parte de los temas puestos en el tapete por los estudiantes secundarios, no hemos presenciado un debate con foco en temáticas igualmente sensibles como la relación pedagógica tradicional entre profesores y alumnos, ni el lugar que los niños, niñas y adolescentes deben tener en ella. Su participación en sus procesos educativos no ha sido un tema de debate público, aún cuando diversas investigaciones y experiencias en educación no formal, indican que otro tipo de relación entre estos actores es posible, y que el proceso educativo se torna más efectivo.
Las estrategias de educación no formal que emplean intervenciones como el Programa Adopta un Hermano, aprovechan elementos del mundo “formal” que es la escuela, y de lo “informal” que tiene el entorno del niño y su familia. Así se trabaja desde la planificación, pero también se recrea un contexto de cercanía y cotidianeidad. Por lo tanto un buen proceso de enseñanza y aprendizaje depende de que el niño o niña sea un sujeto activo, capaz de participar en la construcción de conocimientos. Esto, además es un ejercicio que implica concebir a este grupo como sujetos opinantes, capaces y con habilidades que no necesariamente coinciden con las que la escuela les solicita, sino que complementan de manera importante su aprendizaje.
Además de la utilización de estrategias y metodologías innovadoras, que se conecten de mejor manera con los distintos saberes presentes en el desarrollo escolar, existen otras problemáticas igualmente determinantes respecto a la calidad educativa y que atentan con los avances que pudieran darse en el ámbito público. La alta migración de estudiantes a la educación particular subvencionada, por ejemplo, es un fenómeno extendido en muchos municipios que impacta demoledoramente en el financiamiento de la educación pública, pero también en la relación de los escolares con su entorno. La suerte de “promesa” de integración social de establecimientos subvencionados, que a través del uso de uniformes distintos o selección de quienes ingresan, entrega cierto estatus, no hace más que contribuir a la mayor segregación y segmentación escolar, sin garantizar necesariamente una mayor calidad educativa.
Así resulta relevante considerar que los profesores suelen resentir la poca incidencia en las decisiones de política pública, de las que son ejecutores en gran medida, porque muchas veces éstas carecen de pertinencia con la cotidianeidad de su labor en el aula y se alejan de una mirada integral de los niños y niñas, como sujetos activos de derechos. En contextos de pobreza, debe aún más insistirse en este aspecto, porque la pertinencia que el proceso tenga con el mundo y el entorno de los niños, es decisivo para que éstos permanezcan en la escuela, valoren su educación y se sientan cercanos al ambiente escolar.
Sin duda la participación de las familias y la representatividad que los actores involucrados tengan en la toma de decisiones, son fundamentales en el debate sobre calidad educativa, que afortunadamente ha vuelto. - by marmota -


No hay comentarios:
Publicar un comentario