viernes, 28 de diciembre de 2007

Cuento de nunca acabar

Fuente: www.elsiglo.cl

A diez meses de su puesta en marcha, el plan estrella del transporte sigue en el primer plano de la atención pública. Las mallas de las micros amarillas vuelven en gloria y majestad.

No es necesario que termine el año y se inicien los clásicos recuentos periodísticos, para saber que, lejos, la noticia más polémica e importante del 2007, ha sido la puesta en marcha del Transantiago. Lo que se suponía una buena nueva para los santiaguinos, una movilización moderna, cómoda y no contaminante, se transformó en una tragedia cotidiana. Largas esperas en las calles, hacinamiento en el metro, barrios enteros sin recorridos, caminatas de muchas cuadras, aumento del parque automotriz, mala calidad de vida, menos horas para compartir en familia y la salud mental de los capitalinos por los suelos.

En definitiva, el Transantiago ha alimentado la guerrilla política, desatando múltiples posturas. De hecho, la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados culminó seis meses de trabajo esta semana, con dos informes paralelos. El texto final, aprobado por siete votos contra seis, responsabiliza con nombre y apellido a 32 personas, entre ellas al ex Presidente Lagos, al que se envía el siguiente recado:

-“Tal como se reconoce y se agradece su sentido de futuro y su interés por el diseño de las matrices de las políticas públicas, se le puede reprochar que la impronta creadora no estuviese acompañada por un diseño institucional sólido y capaz de concretar la aspiración.”

El informe de minoría plantea la postura extrema de la Alianza: “el ex presidente Lagos es políticamente responsable de negligencia inexcusable cometida al concebir, aprobar el diseño y ordenar la ejecución de esta política pública.”

Problemas de fondo

El tema parece ser bastante más profundo que las recriminaciones entre gobierno y oposición o que las pugnas entre los laguistas duros y el resto de la Concertación.

El hecho es que el Transantiago obedece a la filosofía del modelo económico neoliberal imperante y eso abarca por igual a las dos fuerzas de mayoría que lo apoyan. Reforzar la empresa privada y dejar de lado todo intento siquiera de un transporte público para Santiago. Ese es el diseño de fondo, concebir el transporte como un negocio y no como un derecho de los usuarios. En esa lógica, bienvenida las medidas que favorecen el lucro de las empresas privadas, los bancos y los prestadores de servicios particulares.

Eso no es todo. El diseño del Transantiago y su posterior implementación no tomó en cuenta a las organizaciones sociales, todo se hizo desde el escritorio de los expertos, de espaldas a la experiencia e intereses de los usuarios. En este caso, el tan comentado papel que, según la Concertación, deben cumplir los ciudadanos brilló por su ausencia.

Así las cosas, el fracaso del sistema era cosa de tiempo. Y ello parece trascender a las muchas fallas concretas que se han cometido en la implantación en terreno del Transantiago.


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