domingo, 16 de diciembre de 2007

El Desarrollo Humano Pendiente, por Rodrigo Jordán

Rodrigo Jordán es Presidente de la Fundación para la Superación de la Pobreza.

El Índice de Desarrollo Humano -que nuevamente ubica a Chile como un país con un desarrollo alto, en el lugar 40 del ranking de 177 países -es ciertamente un avance en los sistemas de medición de pobreza por ingresos, pues aborda elementos que se enmarcan en una mirada sobre las capacidades.

Sabemos que la reducción de la pobreza no depende exclusivamente del crecimiento económico, sino que también incide en ella el éxito de las políticas públicas. Chile ha venido avanzando en torno a consensos. Hay temas en los que vamos por buen camino, como el acuerdo en educación y las propuestas que estamos trabajando en el Consejo de Equidad.

Sin embargo, persisten problemas para las cuales no hay ni siquiera el consenso para tratarlos, como el tema medioambiental. El último informe del PNUD está centrado en este problema y en el cambio climático. Nuestro país sigue acumulando una deuda insostenible para generaciones futuras y es un desafío no asumido el cómo llegamos a acuerdos para proteger nuestros recursos naturales; para modificar nuestra matriz energética, y para modificar poco a poco, pero con decisión, nuestro desarrollo económico contaminante. Si seguimos en la senda de actividad actual, con altas emisiones de CO2, las comunidades en situación de pobreza serán, nuevamente, las más perjudicadas.

El IDH está formado por las dimensiones de ingreso, educación y salud (esperanza de vida). En el área de salud estamos bien posicionados, con una esperanza de vida elevada (78,3 años). Por tanto, los incrementos en este punto serán marginales, porque además es una variable de largo plazo. Una mejor posición en el IDH, a través de la educación, es por su parte una cuestión posible pero muy lenta. Incrementar en un año la escolaridad promedio de un país puede tomar varios lustros. Por lo tanto, las consecuencias de una buena política educativa se van a expresar en varios años más.

No se debe olvidar que el IDH es un índice que sintetiza un concepto complejo. El desarrollo humano involucra no solamente el acceso a la educación y a la salud, sino también el ejercicio de libertades, el poder desarrollar proyectos personales y colectivos, el vivir sin incertidumbres. A pesar de sus bondades, el IDH no logra entregar una visión completa, más bien es un indicador de lo que puede estar sucediendo, pero no de la realidad misma. Si bien Chile tiene un buen IDH, este es un índice promedio. Si se desagrega a nivel de territorios en el país, nos encontraríamos con que existen distintos niveles de desarrollo. Comunas donde el IDH se parece más a países africanos o de América Latina y otras en donde se parece más al de países como Suecia o Alemania. En este sentido, será positivo conocer el Informe de Desarrollo Humano sobre el Ambito Rural que se entregará en marzo.

Finalmente, la variable con mayor dinamismo en su cambio y que puede influir en un mejor o peor índice en el corto plazo es el ingreso per cápita. Así, nos correspondería generar más crecimiento para que el índice del PIB dividido por el número de habitantes se elevara. Sin embargo, en el caso de Chile, con una altísima desigualdad, este índice no resultaría tan relevante. Sólo nuevos pactos fiscales y sociales permitirían una mayor equidad en la distribución del ingreso. Y esto es importante, pues nuestra pésima distribución es un obstáculo no sólo para tener un mejor IDH, sino que también para avanzar en la meta de pertenecer al cerrado grupo de países más desarrollados. - by marmota -


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