por Manuel Guerrera AntequeraCien años se cumplen de aquella matanza de obreros del salitre, quienes junto a sus mujeres y niños solo reclamaban por algo de justicia social. Miles de personas acribillidas desarmadas al interior de una escuela por el Ejército chileno. ¿Y cómo con una matanza de esta magnitud la historia oficial patriotera ha osado mostrar a Chile como paradigma de las democracias hasta el golpe de 1973? Nunca hemos sido como sociedad la excepción a nada, eso solo son voladores de luces para calmar la conciencia un rato y mirar con desdén a los demás países de la región.
Pero la memoria porfiada persiste, y a pesar de los 100 años muchos sectores sociales y políticos se disputan el significado de este día. Seguramente la inscripción que más fuerte quedará es el "nunca más" a estas cosas, pero también debiera quedar el otro lado de la medalla que se invisibiliza: qué grandes fueron estos obreros que se atrevieron a hacer su larga caminata, de organizar su huelga y de enfrentarse a un ejército. Memoria de la represión, sí. Pero también memoria de la organización, arrojo, compromiso colectivo por una causa justa. ¿Quiénes fueron sus líderes? ¿Quiénes mantuvieron la esperanza hasta el final? ¿Quiénes fueron estos hombres y mujeres que interrumpieron sus vidas cotidianas para marchar por un mundo mejor y digno?
En este pequeñísimo e insignificante homenaje personal en este día, rescato aquellas vidas anónimas, llenas de entrega y convicción. Ahí está el trampolín para nuestro presente, no para ir a la muerte, sino para vivir la vida intensamente, de modo que tenga sentido propio, individual y colectivo. Rescato el abrazo de ida a la Escuela, el abrazo de "aquí estamos juntos compañera e hijos". No fueron vencidos por siempre. En los nuevos abrazos está su esfuerzo presente, que nos anima, mantiene alerta, conserva vivos para asumir lo que haya que asumir en el momento que sea el momento.
Vuestra muerte nos abre a la vida, porque creemos más en vuestra vida que en la muerte que os dieron. - by marmota -
Pero la memoria porfiada persiste, y a pesar de los 100 años muchos sectores sociales y políticos se disputan el significado de este día. Seguramente la inscripción que más fuerte quedará es el "nunca más" a estas cosas, pero también debiera quedar el otro lado de la medalla que se invisibiliza: qué grandes fueron estos obreros que se atrevieron a hacer su larga caminata, de organizar su huelga y de enfrentarse a un ejército. Memoria de la represión, sí. Pero también memoria de la organización, arrojo, compromiso colectivo por una causa justa. ¿Quiénes fueron sus líderes? ¿Quiénes mantuvieron la esperanza hasta el final? ¿Quiénes fueron estos hombres y mujeres que interrumpieron sus vidas cotidianas para marchar por un mundo mejor y digno?
En este pequeñísimo e insignificante homenaje personal en este día, rescato aquellas vidas anónimas, llenas de entrega y convicción. Ahí está el trampolín para nuestro presente, no para ir a la muerte, sino para vivir la vida intensamente, de modo que tenga sentido propio, individual y colectivo. Rescato el abrazo de ida a la Escuela, el abrazo de "aquí estamos juntos compañera e hijos". No fueron vencidos por siempre. En los nuevos abrazos está su esfuerzo presente, que nos anima, mantiene alerta, conserva vivos para asumir lo que haya que asumir en el momento que sea el momento.
Vuestra muerte nos abre a la vida, porque creemos más en vuestra vida que en la muerte que os dieron. - by marmota -


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