Eugenio Tironi Curioso lo que le ha pasado al Gobierno en los últimos días. Cuando todo parecía ir mejor, estalla la crisis, con la salida turbulenta del ministro del Interior.
Mejor por varios motivos: la Teletón fue un exitazo, el verano ya está instalado, mejora el transporte público de Santiago; aunque la inflación se eleva, el desempleo sigue bajo y se percibe todavía una cierta prosperidad; las empresas anuncian nuevos proyectos e inversiones, se materializan importantes acuerdos con la oposición, los partidos de la Concertación -con una elevada cuota de desgarro- ponen orden en sus filas, y como consecuencia de todo esto, las encuestas (pienso en Adimark/GFK) muestran un repunte del respaldo gubernamental.
Pero nadie ha dicho que la política sea una actividad racional ni predecible, y los luctuosos sucesos que han sacudido en estas horas a La Moneda así lo confirman.
¿Está todo perdido para el Gobierno? Evidentemente que no. Le queda la mitad de su mandato, y el que viene podría ser su período más luminoso. Maneja el presupuesto público más generoso de la historia moderna. Tendrá en sus manos la ejecución de una reforma como la previsional, que cambiará la vida de millones de chilenos y chilenas.
Dispondrá de más recursos para responder a una de las grandes preocupaciones de la población, como es la seguridad pública, en base a un acuerdo firmado entre gobierno y oposición que inhibirá la crítica de esta última. Cuenta con acuerdos para avanzar en otras reformas clave, como la educacional y la de transparencia del Estado. Las propuestas del Consejo Asesor de Trabajo y Equidad, a fines de marzo, ofrecerán la oportunidad de un amplio debate nacional sobre temas que cuando se han planteado en el pasado, se lo ha hecho de manera ideológica y confrontacional.
La silenciosa inversión efectuada en programas poco estridentes pero estratégicos para el futuro -como el "Chile Crece Contigo", dirigido al apoyo a la primera infancia y a la familia y que incluye la ampliación gigantesca de la cobertura de salas cuna y jardines infantiles, o la reformulación de los programas de vivienda para colocarlos al nivel de nuestro actual nivel de desarrollo- comenzará este año a dar frutos palpables para la población.
Vienen por último tiempos de elecciones, que por un lado hacen a la clase política más locuaz, pero por el otro la vuelven más disciplinada en torno a sus coaliciones, lo que colabora a una mejor gestión gubernamental.
Así, al Gobierno se le abren grandes oportunidades. ¿Qué debiera hacer para capitalizarlas?
Lo primero, unir y reanimar al mundo concertacionista, y en base a esto revitalizar el compromiso de éste con la Presidenta y el Gobierno.
Esto pasa por reconciliar a la actual administración -de arriba a abajo, del discurso a la actitud- con la obra histórica de la Concertación, abandonando los afanes re-fundacionales de la primera hora.
Lo segundo es mejorar la gestión técnica y política convocando a un elenco que dé peso al Gobierno,al margen de los platos que ya se hayan servido.
Lo tercero, cuidar las formas republicanas, porque un gobierno -en especial si es de coalición- no es un ejército que se alinea en base a órdenes, ni un grupo de amigos que se constituye en base a relaciones afectivas e informales, sino una organización de ciudadanos libres cuya lealtad es antes con una historia y un proyecto que con una persona.


No hay comentarios:
Publicar un comentario