www.diarioelobservador.clSi queremos una educación mejor en nuestra región, definitivamente, hay que acortar la distancia entre los colegios particulares pagados y los liceos municipales, tal como lo dejan en claro los últimos resultados de la prueba Simce. Aunque como dato, resulta mucho más explicativo analizar los resultados de los mejores puntajes nacionales en las pruebas para ingresar a la universidad, donde nos encontramos con una verdad amarga: el 80% son alumnos de establecimientos particulares y el 20% municipalizados.
Creemos que la distancia es muy grande y que ello demuestra la urgente necesidad de realizar profundos cambios, que signifiquen más igualdad en el ofrecimiento de las oportunidades para todos nuestros alumnos.
A nadie le extraña que los colegios particulares sean mejores que los municipales, el tema es otro. ¿Dónde está el problema?Para no andar con rodeos, vale la pena consignar las palabras del rector de la Universidad de Santiago, quien explicó que “sin duda el país tiene un gran desafío en mejorar la calidad de la educación básica y media de los colegios municipalizados y subvencionados” y agrega con claridad: “El gran problema es que le estamos dejando la responsabilidad principalmente a los municipios y, evidentemente, éstas no son instituciones que puedan administrar un sistema de manera eficiente”.
Ahí está el principal problema. No todos los municipios están preparados para una tarea tan compleja y muchas veces no son competentes para resolver asuntos menores, con mayor razón tendrán dificultades para entregar una educación de excelencia, y lo que es más difícil, competitiva con la que entregan los colegios particulares, para poder ir nivelando la situación.
Los alcaldes, los directores y su equipo docente, los centros de padres, los centros de alumnos, los profesionales de la Corporación o de la Dirección de Educación Municipalizada, los organismos culturales y educacionales de la comuna, además de los estamentos del Ministerio de Educación en la capital regional y a nivel nacional, debieran programar algún tipo de acción conjunta para ayudar a mejorar la educación municipalizada, ya sea con mejores bibliotecas, mejores laboratorios, mejores profesores, mejores espacios para el estudio, mejores oportunidades para viajar a la capital a ver centros culturales, mejores espacios para el deporte, mejores ideas para que cada joven pueda seguir creciendo por dentro.
Si llevamos más a fondo nuestro análisis, podremos concluir que si los estudiantes que tienen menores recursos, obtienen un bajo puntaje, quedan inmediatamente marcados, porque tendrán menos oportunidades. Y si tienen menos oportunidades para estudiar una buena carrera, tendrán menos oportunidades para romper el círculo de la pobreza. Y el círculo sólo se rompe con la educación. No hay otro camino conocido y confiable. La educación permite saltos sociales, cambios económicos, mejoría en la calidad de vida.
La educación es y será la llave para que miles de jóvenes chilenos abran el círculo de la pobreza que los ha rodeado peligrosamente por ya tantos años.
No basta con el financiamiento a través del crédito universitario, se requiere apoyo para estadía, comida y pasajes, para libros y cultura, algo más que esos valores de matrícula o mensualidad, que son absolutamente insuficientes para que un estudiante universitario pueda continuar sus estudios.
Los indicadores sociales son preocupantes, porque acorralan a los jóvenes con menos recursos y los dejan disminuidos en sus posibilidades. Más allá de todo lo que está realizando el gobierno, todavía se necesita mucho más para acortar distancias.
A todo lo que hemos planteado, se suma otra diferencia también muy preocupante: los mejores puntajes para ingresar a la universidad, en cerca de un 65%, corresponden a jóvenes de Santiago. Solo el 35% a estudiantes de provincias.
Una vez más queda de manifiesto que la capital se ha quedado con más recursos económicos que las regiones, privando a la juventud del país de un crecimiento más igualitario.
¿Cuántos libros por alumno hay en Santiago? ¿Cuántos libros por alumno hay en Quilpué, Viña del Mar o Concón? ¿Cuántos colegios, cuántos centros culturales, cuántas alternativas?
Creemos que la distancia es muy grande y que ello demuestra la urgente necesidad de realizar profundos cambios, que signifiquen más igualdad en el ofrecimiento de las oportunidades para todos nuestros alumnos.
A nadie le extraña que los colegios particulares sean mejores que los municipales, el tema es otro. ¿Dónde está el problema?Para no andar con rodeos, vale la pena consignar las palabras del rector de la Universidad de Santiago, quien explicó que “sin duda el país tiene un gran desafío en mejorar la calidad de la educación básica y media de los colegios municipalizados y subvencionados” y agrega con claridad: “El gran problema es que le estamos dejando la responsabilidad principalmente a los municipios y, evidentemente, éstas no son instituciones que puedan administrar un sistema de manera eficiente”.
Ahí está el principal problema. No todos los municipios están preparados para una tarea tan compleja y muchas veces no son competentes para resolver asuntos menores, con mayor razón tendrán dificultades para entregar una educación de excelencia, y lo que es más difícil, competitiva con la que entregan los colegios particulares, para poder ir nivelando la situación.
Los alcaldes, los directores y su equipo docente, los centros de padres, los centros de alumnos, los profesionales de la Corporación o de la Dirección de Educación Municipalizada, los organismos culturales y educacionales de la comuna, además de los estamentos del Ministerio de Educación en la capital regional y a nivel nacional, debieran programar algún tipo de acción conjunta para ayudar a mejorar la educación municipalizada, ya sea con mejores bibliotecas, mejores laboratorios, mejores profesores, mejores espacios para el estudio, mejores oportunidades para viajar a la capital a ver centros culturales, mejores espacios para el deporte, mejores ideas para que cada joven pueda seguir creciendo por dentro.
Si llevamos más a fondo nuestro análisis, podremos concluir que si los estudiantes que tienen menores recursos, obtienen un bajo puntaje, quedan inmediatamente marcados, porque tendrán menos oportunidades. Y si tienen menos oportunidades para estudiar una buena carrera, tendrán menos oportunidades para romper el círculo de la pobreza. Y el círculo sólo se rompe con la educación. No hay otro camino conocido y confiable. La educación permite saltos sociales, cambios económicos, mejoría en la calidad de vida.
La educación es y será la llave para que miles de jóvenes chilenos abran el círculo de la pobreza que los ha rodeado peligrosamente por ya tantos años.
No basta con el financiamiento a través del crédito universitario, se requiere apoyo para estadía, comida y pasajes, para libros y cultura, algo más que esos valores de matrícula o mensualidad, que son absolutamente insuficientes para que un estudiante universitario pueda continuar sus estudios.
Los indicadores sociales son preocupantes, porque acorralan a los jóvenes con menos recursos y los dejan disminuidos en sus posibilidades. Más allá de todo lo que está realizando el gobierno, todavía se necesita mucho más para acortar distancias.
A todo lo que hemos planteado, se suma otra diferencia también muy preocupante: los mejores puntajes para ingresar a la universidad, en cerca de un 65%, corresponden a jóvenes de Santiago. Solo el 35% a estudiantes de provincias.
Una vez más queda de manifiesto que la capital se ha quedado con más recursos económicos que las regiones, privando a la juventud del país de un crecimiento más igualitario.
¿Cuántos libros por alumno hay en Santiago? ¿Cuántos libros por alumno hay en Quilpué, Viña del Mar o Concón? ¿Cuántos colegios, cuántos centros culturales, cuántas alternativas?
En el fondo, necesitamos poder brindar a todos una educación con menos diferencias, que pueda terminar con esa odiosa distancia que hoy día muestran los resultados entre una prueba de un joven con menos recursos y un joven con más recursos, de un joven de la capital con un joven de provincia. - by marmota -


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