Por Marco Antonio de la Parra*lunes, 30 de junio de 2008
SI USTED VOLVIERA, DOCTOR...
Por Marco Antonio de la Parra*jueves, 19 de junio de 2008
¡A botar la LEGE¡
Se acabaron los titubeos: profesores y alumnos inician paro total, en defensa de la educación pública.Durante las últimas semanas, hemos asistido al regreso de los pingüinos, que luchan en defensa del derecho a la educación y en contra de la imposición derechista de transformarlo en un lucrativo negocio de los privados.
Los profesores, estudiantes universitarios, gremios, padres y apoderados han aportado lo suyo y el tema se ha transformado en un gran debate nacional, que ha colocado, una vez más, la educación en el centro de la agenda informativa.
Para algunos, menos advertidos, el asunto pareció un problema de siglas, “que la LOCE, que la LEGE, que ninguna de las dos”. Al cierre de la presente edición de “El Siglo”, la decisión se desplaza, definitivamente, a la calle.
Jaime Gajardo, presidente del Colegio De Profesores, informó: “Dado que se ha puesto urgencia al proyecto de Ley General de Educación (LGE), el Directorio Nacional resolvió ayer convocar a Paro Nacional del magisterio desde el lunes 16 de junio”.
Acompañado de los directores nacionales Jorge Pavez, Herman Martínez y Francisco Seguel, Fajardo puntualizó: “El paro se inicia el lunes y no sabemos cuando termina. Su objetivo es el retiro de este proyecto de ley del Parlamento y en eso queremos ser muy claros, hay un consenso en las directivas y hemos consultado a los colegios regionales”.
Gajardo especificó: “Este proyecto hay que retirarlo para que se conozca entre la gente, en los sindicatos, centros de estudio, eso lo que hemos pretendemos y nos hemos propuesto como Colegio de Profesores: que este debate no puede estar sólo enmarcado en el Parlamento, debe ser un debate nacional”.
“El directorio encontró que las indicaciones son insuficientes, que no producen un cambio radical y hoy lo que se necesita es una nueva institucionalidad educativa, por eso estamos por el retiro del proyecto de ley del parlamento”.
El lunes 16 de junio será la jornada por el millón de firmas contra la LGE, en todas las plazas públicas del país, “en la Región Metropolitana todos los maestros se reunirán en la Plaza de Armas para dirigirse a La Moneda a entregar una carta pidiendo el retiro de este proyecto de ley”.
En tanto el martes 17 de junio, día presupuestado para la votación en el parlamento, se realizará el Puertazo de la Educación, “esta es una marcha nacional, vendrán buses de todas partes del país, para juntarnos el martes a las 10:30 en la Plaza Sotomayor de Valparaíso y marchar hasta el Congreso Nacional” continuó comunicando Gajardo.
Para el Miércoles 18 de Junio están presupuestadas las Jornadas culturales por la Educación pública, con actos y concentraciones en las principales plazas del país.
En tanto el Jueves 19 de Junio se realizará la “jornada de evaluación en sede nacional del Colegio de Profesores con los presidentes regionales más la directiva nacional, para evaluar y decidir si continúa esto o se le pone un alto”.
Gajardo recordó que esta definición tiene que ver con lo acordado en la Asamblea Nacional Programática de enero y reafirmado en la Asamblea extraordinaria del 30 de mayo, en “que el colegio dijo nos vamos poner a la cabeza de un movimiento por la defensa de educación publica y ser un eje articulador de un movimiento social en esa línea”.
“Queremos señalar que además tomaremos contacto con todas las organizaciones sociales, para comunicares esto y pedirles su respaldo, vamos a conversar con estudiantes universitarios y secundarios, pues entendemos que estamos en un momento histórico para el país y no se puede pretender que este paso trascendental para el país se resuelva en 24 horas”.
Jorge Pavéz, miembro del Directorio Nacional, destacó que esta es una “decisión unitaria del directorio nacional, donde están representados todos los sectores y las sensibilidades políticas que existen en nuestro país y el gobierno tiene que reaccionar, la decisión de iniciar un paro tiene que ser escuchada por todo el país y particularmente por las autoridades”.
Jaime Gajardo concluyó haciendo un llamado a los padres y apoderados: “Pedimos que colaboren y sean parte de este movimiento, porque ellos también serán beneficiados, creemos que este planteamiento de la educación que queremos para el país cuenta con el respaldo de los apoderados y hacemos un llamado a que se plieguen a este movimiento”.
jueves, 5 de junio de 2008
El plátano, parábola de nuestro tiempo
Las prácticas depredadoras de corporaciones bananeras llevan al fruto hacia su extinciónJohann Hari*
Debajo de los encabezados que hablan de carestía de alimentos y gobiernos tambaleantes, existe un hecho casi inadvertido: los plátanos mueren. Este alimento, más consumido incluso que el arroz o las papas, tiene su propia forma de cáncer. Se trata de un hongo conocido como enfermedad de Panamá, que da a la fruta un color rojo ladrillo y la vuelve incomible.
No hay cura. Todos los frutos perecen conforme se propaga, lo cual ocurre de prisa. Pronto –entre 10 y 30 años– la fruta amarilla y cremosa que conocemos no será más.
La historia del ascenso y caída de este alimento puede verse como una extraña parábola sobre las corporaciones que cada vez dominan más al mundo y adónde nos están llevando.
El plátano parece un espléndido producto de la naturaleza, pero eso es una dulce ilusión. En su forma actual, su creación fue bastante deliberada. Hasta hace 150 años existía gran variedad de plátanos en las selvas del mundo, los cuales se consumían siempre en las zonas cercanas. Algunos eran dulces; otros, amargos. Los había verdes, morados o amarillos.
Un consorcio llamado United Fruit sacó de la selva un tipo en particular –conocido como Gros Michael– y decidió producirlo en masa en enormes plantaciones, y distribuirlo por el mundo en barcos frigoríficos. El plátano se estandarizó en un modelo amigable: amarillo, cremoso y cómodo de llevar en la lonchera.
Hubo allí una chispa de genio empresarial, pero United Fruit ideó un cruel modelo de negocio para llevarlo a cabo. Como explica el escritor Dan Koeppel en su brillante historia Banana: the fate of the fruit that changed the world (Plátano: el destino de la fruta que cambió al mundo) funcionó así: encuentra un país débil. Asegúrate de que el gobierno sirva a tus intereses. Si no lo hace, derrócalo y remplázalo por uno que sí. Quema sus selvas y construye plantaciones de plátano. Haz que los nativos dependan de ti. Aplasta cualquier brote de sindicalismo. Y luego, ¡lástima!, hay que ver morir los plantíos de plátano por una enfermedad que se disgrega por el mundo. Si eso ocurre, arrójales toneladas de químicos, a ver si sirve de algo. Si no, pásate al país de al lado y vuelve a comenzar.
Parece una exageración hasta que uno estudia lo que pasó. En 1911 el magnate platanero Samuel Zemuray decidió convertir a Honduras en su plantación privada. Reunió algunos gángsteres internacionales, como Guy Ametralladora Maloney; montó un ejército privado e invadió la nación, instalando a un amigo de presidente.
El término "república bananera" se inventó para describir las dictaduras serviles que se crearon para favorecer a las empresas del plátano. A principios de la década de 1950, el pueblo guatemalteco eligió a un profesor de ciencia llamado Jacobo Arbenz, porque prometió redistribuir parte de los fincas bananeras entre los millones de campesinos sin tierra.
El presidente estadunidense Eisenhower y la CIA (encabezada por un ex empleado de United Fruit) giraron instrucciones de matar a esos "comunistas", haciendo notar que "martillo, hacha, pinzas, desarmador, atizador de fuego o cuchillo de cocina" eran buenos métodos para ese fin. Luego la tiranía con la que los remplazaron asesinó a más de 200 mil personas.
Pero, ¿en qué forma se relaciona esto con la enfermedad que hoy diezma los platanares del mundo? Las pruebas indican que, aun cuando vendan algo tan inocuo como los plátanos, las corporaciones se estructuran para hacer una sola cosa: maximizar las ganancias de sus accionistas. Si no hay normas que las contengan, harán lo que sea por maximizar las ganancias a corto plazo, lo cual conducirá a conductas como destruir el medio ambiente que explotan.
No mucho después que la enfermedad de Panamá comenzó a matar plátanos, a principios del siglo XX, científicos de United Fruit advirtieron al consorcio que cometía dos errores. Uno era construir un gigantesco monocultivo: si todos los plátanos eran de la misma especie, una enfermedad que entrara en la cadena en cualquier lugar del planeta se propagaría con rapidez. ¿La solución? Diversificar las variedades que se producían.
Las normas de cuarentena de la empresa también eran una calamidad. Hasta las personas encargadas de prevenir la infección entraban en plantíos sanos con suelo infectado adherido a sus botas. Pero las soluciones a los dos problemas costaban dinero, y United Fruit no quería pagar. Optó por maximizar ganancias hoy, suponiendo que podría abandonar el negocio del plátano si las cosas salían mal.
Así pues, para la década de 1960 el Gros Michel, que United Fruit había empacado como el único plátano auténtico, estaba muerto. La compañía buscó un remplazo inmune al hongo y al fin dio con el Cavendish**. Era más pequeño, menos cremoso y muy fácil de magullar, pero no había de otra.
Pero, como en una secuela de película de horror, el asesino volvió. En la década de 1980, el Cavendish enfermó también. Ahora está muriendo; su inmunidad era un mito. En muchas partes de África la cosecha ha caído 60 por ciento. Existe consenso entre los científicos de que el hongo acabará infectando todos los plátanos de esa variedad en el mundo. Tal vez habría alguna especie que pueda adaptarse como Plátano 3.0, pero son tan diferentes que parecen una fruta del todo diferente y mucho menos apetitosa. El contendiente más probable es el Goldfinger, que es más rígido y agrio: se le conoce como "la banana ácida".
Gracias a la mala conducta corporativa y a los límites físicos, parece que estamos en un callejón sin salida. La única esperanza parecería ser un plátano genéticamente modificado para resistir la enfermedad de Panamá. Pero es una posibilidad remota, y encontraría mucha resistencia: ¿a quién le gustaría un banana split hecho con un plátano que contuviera genes de pescado?
¿Hay una parábola de nuestro tiempo en este licuado de plátano, sangre y hongos? Durante cien años, un puñado de corporaciones recibieron una fruta espléndida y se les permitió hacer lo que quisieran con ella. ¿Qué ocurrió? Para exprimirle hasta la última gota de ganancia, destruyeron democracias, quemaron selvas y acabaron matando la fruta misma.
Pero, ¿acaso hemos aprendido? Por todo el mundo, políticos como George Bush y David Cameron nos dicen que regular las corporaciones es "una amenaza" que hay que "combatir"; incluso sostienen que debemos dejar en sus manos el clima del mundo. Para mí, sería una locura.***
* Periodista galardonado, colaborador de The Independent y una veintena de periódicos y revistas de GB, EU, Francia, Canadá y otros países. Amnistía Internacional lo nombró Periodista del Año 2007 por sus reportajes sobre el Congo.
** Conocido en México como tabasco.
*** Juego de palabras intraducible con la expresión "that's bananas." (N. del T.)
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya

