Las cifras son concluyentes: el porcentaje de participación femenina laboral aquí es uno de los más bajos del mundo. El Centro de Microdatos de la Universidad de Chile investigó las razones. Su conclusión: el machismo y conservadurismo explican en buena parte el fenómeno.Por Antonieta de la Fuente
Las respuestas arrojadas por este sondeo quedaron dando vueltas en la cabeza de los economistas del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, Dante Contreras y Gonzalo Plaza, quienes decidieron investigar el porqué de la baja participación de las mujeres en el mercado laboral nacional.
El porcentaje de chilenas que desarrollan un trabajo remunerado es uno de los más bajos en el mundo. Su participación llega a la mitad de la que exhiben países desarrollados como Suecia, Dinamarca, Noruega y Reino Unido y es 19% más baja que el resto de sus pares de Latinoamérica. Una realidad que por años ha resultado inexplicable para economistas y sociólogos, sobre todo si se considera que la calidad de la educación es reconocidamente mejor que en muchos de los países de la región y que aquí la tasa de escolaridad es similar en ambos sexos.
La investigación realizada por Contreras y Plaza arribó a una conclusión: el machismo y el conservadurismo de la sociedad chilena son, en gran parte, responsables de esta realidad. Pero, lo que más sorprendió a los economistas fue la magnitud en que este "efecto cultural" influye en la decisión de las mujeres de entrar al mundo laboral. De hecho, el resultado devela que dichos factores son incluso más determinantes que el capital humano: es decir, una mujer con un alto nivel de educación puede estar limitada de entrar al mundo laboral sólo por el hecho de vivir en un contexto machista o conservador.
Cultura conservadora
"Eso es súper fuerte. Estos factores culturales están tan arraigados en la sociedad, que no hay política pública pro educación de la mujer que sea capaz de revertirlos. Puedes hacer una intervención en educación para lograr una mayor tasa de participación, pero si no se toman en cuenta esos factores, éstas no serán efectivas, dada la estructura social vigente", dice Contreras.
Basados en la encuesta realizada por el CEP -fueron entrevistadas 1.209 personas (556 mujeres y 653 hombres) sobre los 18 años y que residen en 144 municipalidades diferentes-, se aislaron las respuestas de las mujeres para ver qué porcentaje presentaba actitudes machistas o conservadoras. Afirmaciones como: "Las personas que quieran tener hijos deben casarse" o "Los hombres deben tomar más responsabilidades en el trabajo doméstico que el que realizan actualmente", fueron algunas de las afirmaciones que ayudaron a determinar cuál era el grado de influencia de estos factores culturales.
Los resultados fueron determinantes: mientras el 44% de las encuestadas mostraron pertenecer a un contexto cultural machista, las conservadoras llegaron al 62%.
El rol de la pareja
Lo que más alarmó a los investigadores fue la alta correlación del factor machista en la participación femenina en el mercado laboral. El estudio dejó al descubierto que aquellas mujeres que viven inmersas en un contexto cultural machista tienen una alta probabilidad de que ese ambiente las aleje del mundo del trabajo.
En todo caso, el paper dejó en claro que mientras más educación recibe una mujer, las actitudes machistas tienden a disminuir. Lo mismo ocurre mientras más jóvenes son las encuestadas: si el 27% de las mujeres entre 18 y 24 años de edad son definidas como machistas, entre 41 y 60 años son 51% las que caen dentro de esa clasificación.
La pareja tiende a tener un efecto limitante en las mujeres, sobre todo en un contexto machista. De hecho, el 50% de las mujeres con pareja presenta la variable. "Si a esto se le suma un contexto conservador, la probabilidad de que esa mujer entre al mundo laboral es baja", señala el estudio.
Liberales en temas valóricos
Lo que más llamó la atención de los economistas fue lo arraigadas que están las conductas conservadoras en el país. El 81% de los encuestados se manifestó de acuerdo con la afirmación "la familia se resiente cuando la mujer trabaja tiempo completo".
"Ésta es una forma indirecta de presionar a las mujeres para que no participen, impuesta por la sociedad, por ellas mismas y los hombres. Y son cosas que al final del día son limitantes y que después repercuten en que la mujer tenga menos participación, menos experiencia y gane menos. Las cosas van agregándose negativamente", explica Contreras.
Otro de los resultados que sorprendieron a los investigadores fue descubrir que no necesariamente una mujer con mayor educación tiende a ser más liberal. De hecho, del grupo que tenía 18 o más años de estudio, el 61% fue calificado como conservador. Lo mismo ocurre con las que reciben mayores ingresos: el 65% de las que ganan más de $ 358.000 mensuales, presenta ese tipo de actitud.
"Es interesante ver cómo las tendencias conservadoras son más bien parejas, independiente del nivel de educación y de ingresos. En Chile hay mujeres de altos ingresos que recibieron educación de alta calidad y que son muy conservadoras", dice Contreras.
Sin embargo, en temas relativos al matrimonio, la opción de la convivencia y el divorcio, las mujeres mostraron actitudes más liberales. Por ejemplo, el 68% manifestó estar de acuerdo con la afirmación "es aceptable que una pareja conviva, incluso si no tienen intención de casarse", el 66% dijo estar de acuerdo con la idea de que las parejas que quieran casarse vivan juntas primero y el 76% admitió que "el divorcio es generalmente la mejor solución cuando una pareja parece ser incapaz de resolver sus conflictos maritales".
Un nuevo rayado de cancha
Por Esperanza Cueto, Presidenta de Comunidad Mujer.
Es un desafío del Chile del Bicentenario alcanzar una sociedad más justa y de derecho pleno de cada uno de sus ciudadanos. No obstante, en la actualidad vemos que las oportunidades no son iguales para hombres y mujeres, ni en su situación previa al ingreso en el mundo laboral, ni una vez que han alcanzado un trabajo remunerado. Esto se ha reflejado en la baja participación de las mujeres en el mundo del trabajo, que hoy alcanza sólo al 40%, muy por debajo del promedio latinoamericano.
No obstante, las mujeres chilenas quieren trabajar y un porcentaje importante lo haría si se corrigieran aquellos factores que hoy restringen su participación y limitan su empleabilidad. Uno de ellos es el llamado factor cultural, que habla de la relación entre trabajo y familia, de la tensión que se produce en dos esferas tan importantes de la vida y que, a menudo, parecen irreconciliables.
El reciente Barómetro Mujer y Trabajo de ComunidadMujer, Datavoz y la OIT nos dan un diagnóstico certero sobre este conflicto (1). Cuando les preguntamos a las mujeres que hoy no se encuentran en el mercado laboral si querrían trabajar, el 70% respondió que sí desea hacerlo, pero que no puede. Esta cifra sube a 74% en las que tienen hijos menores de catorce años (o personas a su cargo) y a 80% en las de escasos recursos, del primer quintil de ingresos, donde hay más jefas de hogar y la vulnerabilidad es mayor.
Estas chilenas que llamamos inactivas sí han trabajado antes (el 78% cuenta con historia laboral), pero se vieron obligadas a salir del mercado laboral por razones que se explican, en parte, por el llamado factor cultural: la carga de las tareas del hogar y la doble jornada (trabajo remunerado fuera y trabajo en el hogar no remunerado), el cuidado de los hijos e incluso el que su marido o compañero no quiera que siga trabajando. Así, de todas las consultadas sólo el 14% esgrimió como razón el despido.
Este estudio nos sugiere que en nuestro país todavía vivimos el paradigma tradicional que asocia a la mujer con el cuidado parental y al hombre con el trabajo fuera del hogar, lo que limita un derecho fundamental: el de trabajar y poder acceder al sector formal de la economía.
Por lo tanto, es un asunto de justicia que la sociedad en su conjunto se haga cargo de esto. Hasta ahora la política pública no ha sabido responder y quienes la diseñan hoy y quienes lo harán mañana tienen un gran desafío: no perder de vista esta problemática y considerar y evaluar nuevos instrumentos que faciliten más participación de la mujer en el mercado laboral.
¿Cómo podemos avanzar? Tal como lo plantean los estudios citados, lo que cabe es generar un cambio cultural sustancial. No sólo en la política pública, sino también en el sector privado, que debe involucrarse. Porque las empresas contribuyen al desarrollo económico y a la generación de empleo, y también a hacer sociedad, incidiendo en las familias chilenas, en el capital humano. La invitación entonces es a buscar fórmulas nuevas, redefinir de manera sustancial los roles privados y públicos de hombres y mujeres. En ese sentido contentarse, por ejemplo, con modalidades de trabajo más flexibles para que las mujeres puedan hacer mejor su doble jornada sólo reforzaría la inequidad.
Los cambios culturales son difíciles de empujar y tardan en llegar, pero necesitamos un nuevo rayado de cancha e innovadores enfoques y propuestas pro empleo para las mujeres. No parece tener sentido el que ese enorme potencial de Chile se quede sólo en eso. Nuestro país ha sido modelo económico en la región: también podemos ser modelo en lo cultural.
(1) Muestra probabilística y representativa de 1.100 mujeres sin actividad laboral en los últimos 3 meses, de entre 18 y 60 años. La encuesta Barómetro Mujer y Trabajo fue realizada en el Gran Santiago entre el 11 de diciembre de 2008 y el 12 de enero de 2009.


La historia que dio origen a esa orden de detención había comenzado casi un año antes, cuando el 2 de noviembre de 1981, el Banco de Talca fue intervenido por la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF), nombrándose un administrador provisional. A esa fecha, se encontraba en cesación de pagos, con obligaciones vencidas a favor del Banco Central, a octubre de 1981, por alrededor de 38 millones de dólares. Piñera había sido gerente general de este banco entre marzo de 1979 y septiembre de 1980, un lapso comprendido en el período en que la justicia acreditó varios ilícitos cometidos por la administración de la institución financiera.
En su cartera de créditos, el Banco de Talca tenía más de 200 millones de dólares prestados a empresas relacionadas, es decir cinco veces su capital y reservas, cuando la ley permitía un límite máximo de sólo el 25% del mismo.
BANCO DE TALCA

