viernes, 19 de junio de 2009

¿Por qué las chilenas trabajan menos?

Las cifras son concluyentes: el porcentaje de participación femenina laboral aquí es uno de los más bajos del mundo. El Centro de Microdatos de la Universidad de Chile investigó las razones. Su conclusión: el machismo y conservadurismo explican en buena parte el fenómeno.

Por Antonieta de la Fuente

La afirmación: "El rol del hombre es ganar dinero y el de la mujer cuidar de la casa y los hijos" puede sonar anticuada. Pero, por extraño que parezca, en Chile son muchas las mujeres que se identifican con ese pensamiento. Así quedó en evidencia en una encuesta CEP realizada en diciembre de 2002, en la cual se incluyeron temas relativos a la familia.

Las respuestas arrojadas por este sondeo quedaron dando vueltas en la cabeza de los economistas del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, Dante Contreras y Gonzalo Plaza, quienes decidieron investigar el porqué de la baja participación de las mujeres en el mercado laboral nacional.

El porcentaje de chilenas que desarrollan un trabajo remunerado es uno de los más bajos en el mundo. Su participación llega a la mitad de la que exhiben países desarrollados como Suecia, Dinamarca, Noruega y Reino Unido y es 19% más baja que el resto de sus pares de Latinoamérica. Una realidad que por años ha resultado inexplicable para economistas y sociólogos, sobre todo si se considera que la calidad de la educación es reconocidamente mejor que en muchos de los países de la región y que aquí la tasa de escolaridad es similar en ambos sexos.

La investigación realizada por Contreras y Plaza arribó a una conclusión: el machismo y el conservadurismo de la sociedad chilena son, en gran parte, responsables de esta realidad. Pero, lo que más sorprendió a los economistas fue la magnitud en que este "efecto cultural" influye en la decisión de las mujeres de entrar al mundo laboral. De hecho, el resultado devela que dichos factores son incluso más determinantes que el capital humano: es decir, una mujer con un alto nivel de educación puede estar limitada de entrar al mundo laboral sólo por el hecho de vivir en un contexto machista o conservador.

Cultura conservadora

"Eso es súper fuerte. Estos factores culturales están tan arraigados en la sociedad, que no hay política pública pro educación de la mujer que sea capaz de revertirlos. Puedes hacer una intervención en educación para lograr una mayor tasa de participación, pero si no se toman en cuenta esos factores, éstas no serán efectivas, dada la estructura social vigente", dice Contreras.

Basados en la encuesta realizada por el CEP -fueron entrevistadas 1.209 personas (556 mujeres y 653 hombres) sobre los 18 años y que residen en 144 municipalidades diferentes-, se aislaron las respuestas de las mujeres para ver qué porcentaje presentaba actitudes machistas o conservadoras. Afirmaciones como: "Las personas que quieran tener hijos deben casarse" o "Los hombres deben tomar más responsabilidades en el trabajo doméstico que el que realizan actualmente", fueron algunas de las afirmaciones que ayudaron a determinar cuál era el grado de influencia de estos factores culturales.

Los resultados fueron determinantes: mientras el 44% de las encuestadas mostraron pertenecer a un contexto cultural machista, las conservadoras llegaron al 62%.

El rol de la pareja

Lo que más alarmó a los investigadores fue la alta correlación del factor machista en la participación femenina en el mercado laboral. El estudio dejó al descubierto que aquellas mujeres que viven inmersas en un contexto cultural machista tienen una alta probabilidad de que ese ambiente las aleje del mundo del trabajo.

En todo caso, el paper dejó en claro que mientras más educación recibe una mujer, las actitudes machistas tienden a disminuir. Lo mismo ocurre mientras más jóvenes son las encuestadas: si el 27% de las mujeres entre 18 y 24 años de edad son definidas como machistas, entre 41 y 60 años son 51% las que caen dentro de esa clasificación.

La pareja tiende a tener un efecto limitante en las mujeres, sobre todo en un contexto machista. De hecho, el 50% de las mujeres con pareja presenta la variable. "Si a esto se le suma un contexto conservador, la probabilidad de que esa mujer entre al mundo laboral es baja", señala el estudio.

Liberales en temas valóricos

Lo que más llamó la atención de los economistas fue lo arraigadas que están las conductas conservadoras en el país. El 81% de los encuestados se manifestó de acuerdo con la afirmación "la familia se resiente cuando la mujer trabaja tiempo completo".

"Ésta es una forma indirecta de presionar a las mujeres para que no participen, impuesta por la sociedad, por ellas mismas y los hombres. Y son cosas que al final del día son limitantes y que después repercuten en que la mujer tenga menos participación, menos experiencia y gane menos. Las cosas van agregándose negativamente", explica Contreras.

Otro de los resultados que sorprendieron a los investigadores fue descubrir que no necesariamente una mujer con mayor educación tiende a ser más liberal. De hecho, del grupo que tenía 18 o más años de estudio, el 61% fue calificado como conservador. Lo mismo ocurre con las que reciben mayores ingresos: el 65% de las que ganan más de $ 358.000 mensuales, presenta ese tipo de actitud.

"Es interesante ver cómo las tendencias conservadoras son más bien parejas, independiente del nivel de educación y de ingresos. En Chile hay mujeres de altos ingresos que recibieron educación de alta calidad y que son muy conservadoras", dice Contreras.

Sin embargo, en temas relativos al matrimonio, la opción de la convivencia y el divorcio, las mujeres mostraron actitudes más liberales. Por ejemplo, el 68% manifestó estar de acuerdo con la afirmación "es aceptable que una pareja conviva, incluso si no tienen intención de casarse", el 66% dijo estar de acuerdo con la idea de que las parejas que quieran casarse vivan juntas primero y el 76% admitió que "el divorcio es generalmente la mejor solución cuando una pareja parece ser incapaz de resolver sus conflictos maritales".

Un nuevo rayado de cancha

Por Esperanza Cueto, Presidenta de Comunidad Mujer.

Es un desafío del Chile del Bicentenario alcanzar una sociedad más justa y de derecho pleno de cada uno de sus ciudadanos. No obstante, en la actualidad vemos que las oportunidades no son iguales para hombres y mujeres, ni en su situación previa al ingreso en el mundo laboral, ni una vez que han alcanzado un trabajo remunerado. Esto se ha reflejado en la baja participación de las mujeres en el mundo del trabajo, que hoy alcanza sólo al 40%, muy por debajo del promedio latinoamericano.

No obstante, las mujeres chilenas quieren trabajar y un porcentaje importante lo haría si se corrigieran aquellos factores que hoy restringen su participación y limitan su empleabilidad. Uno de ellos es el llamado factor cultural, que habla de la relación entre trabajo y familia, de la tensión que se produce en dos esferas tan importantes de la vida y que, a menudo, parecen irreconciliables.

El reciente Barómetro Mujer y Trabajo de ComunidadMujer, Datavoz y la OIT nos dan un diagnóstico certero sobre este conflicto (1). Cuando les preguntamos a las mujeres que hoy no se encuentran en el mercado laboral si querrían trabajar, el 70% respondió que sí desea hacerlo, pero que no puede. Esta cifra sube a 74% en las que tienen hijos menores de catorce años (o personas a su cargo) y a 80% en las de escasos recursos, del primer quintil de ingresos, donde hay más jefas de hogar y la vulnerabilidad es mayor.

Estas chilenas que llamamos inactivas sí han trabajado antes (el 78% cuenta con historia laboral), pero se vieron obligadas a salir del mercado laboral por razones que se explican, en parte, por el llamado factor cultural: la carga de las tareas del hogar y la doble jornada (trabajo remunerado fuera y trabajo en el hogar no remunerado), el cuidado de los hijos e incluso el que su marido o compañero no quiera que siga trabajando. Así, de todas las consultadas sólo el 14% esgrimió como razón el despido.

Este estudio nos sugiere que en nuestro país todavía vivimos el paradigma tradicional que asocia a la mujer con el cuidado parental y al hombre con el trabajo fuera del hogar, lo que limita un derecho fundamental: el de trabajar y poder acceder al sector formal de la economía.

Por lo tanto, es un asunto de justicia que la sociedad en su conjunto se haga cargo de esto. Hasta ahora la política pública no ha sabido responder y quienes la diseñan hoy y quienes lo harán mañana tienen un gran desafío: no perder de vista esta problemática y considerar y evaluar nuevos instrumentos que faciliten más participación de la mujer en el mercado laboral.

¿Cómo podemos avanzar? Tal como lo plantean los estudios citados, lo que cabe es generar un cambio cultural sustancial. No sólo en la política pública, sino también en el sector privado, que debe involucrarse. Porque las empresas contribuyen al desarrollo económico y a la generación de empleo, y también a hacer sociedad, incidiendo en las familias chilenas, en el capital humano. La invitación entonces es a buscar fórmulas nuevas, redefinir de manera sustancial los roles privados y públicos de hombres y mujeres. En ese sentido contentarse, por ejemplo, con modalidades de trabajo más flexibles para que las mujeres puedan hacer mejor su doble jornada sólo reforzaría la inequidad.

Los cambios culturales son difíciles de empujar y tardan en llegar, pero necesitamos un nuevo rayado de cancha e innovadores enfoques y propuestas pro empleo para las mujeres. No parece tener sentido el que ese enorme potencial de Chile se quede sólo en eso. Nuestro país ha sido modelo económico en la región: también podemos ser modelo en lo cultural.

(1) Muestra probabilística y representativa de 1.100 mujeres sin actividad laboral en los últimos 3 meses, de entre 18 y 60 años. La encuesta Barómetro Mujer y Trabajo fue realizada en el Gran Santiago entre el 11 de diciembre de 2008 y el 12 de enero de 2009.

Sin Felipe

por Gonzalo Cruzat

Hace dos meses Felipe Cruzat murió esperando un trasplante de corazón. En su primer día del padre sin Felipe, Gonzalo lo recuerda sin dolor: dice que su hijo sigue viviendo en él.

Mi primer hijo, José Francisco, llegó cuando aún yo era un joven con grandes expectativas familiares y laborales: había mucho por delante y tenía gran entusiasmo por alcanzar mis metas. Felipe llegó unos años después y se hizo espacio con una facilidad asombrosa. Era generoso, simple y de una alegría desbordante. En sus once años, nunca lo vimos triste. Era tremendamente feliz y disfrutaba de la vida como si supiera que sería corta. No tenía grandes habilidades intelectuales, pero era más sabio que yo. Tampoco tenía facilidad para el deporte, pero su corazón iluminaba cada partido de fútbol que jugaba: sabía cómo transformar todo lo que lo rodeaba en amor.

Desde que nació me empecé a cuestionar por primera vez ciertos aspectos de la vida. Yo era un padre preparado para estimular a mis hijos y formarlos como intelectuales capaces de sostenerse económicamente en el futuro, pero me había llegado un hijo que no me pedía nada de eso: Felipe no pensaba en el futuro, a él le bastaba con estar vivo en cada minuto, en cada segundo, viviendo en el presente.

Felipe confiaba ciegamente en mí como papá, era cariñoso, se interesaba por mi trabajo, me acompañaba en esas aventuras que mi mujer, la Ignacia, decía que eran peligrosas y de las que Felipe llegaba demasiado sucio. A veces, al verlo, sentía que no estaba a la altura para ser el papá de un niñito así, hasta que entendí que la única manera de ayudar a un hijo a volar alto era que yo, como papá, volara alto. ¿Pero cómo hacerlo? ¿Cómo crecer con todos mis miedos?

Un día asumí que soy la mejor persona que puedo ser y que no podía seguir preguntándome racionalmente qué hacer, porque la respuesta no estaba ahí: tenía que preguntarle a mi corazón. Recién entonces logré moverme y comencé a crecer. Vi de dónde Felipe sacaba la energía, el amor, supe por qué no sentía miedo ni soledad, por qué su vida estaba llena de luz.

Felipe se fue de este mundo al encuentro del Señor con una vida maravillosa, digna de ser presentada a los ojos de Dios. No sé bien qué pasó conmigo cuando Felipe murió, pero no sentí dolor y todavía no lo siento. Lo echo de menos y cuando me acuerdo de él me salen lágrimas de amor, no de pena, porque Felipe vive en mí y yo vivo en él. -by marmota-


viernes, 12 de junio de 2009

Inversionista en fuga

La historia no contada de los orígenes de la fortuna de Sebastián Piñera
En medio de la crisis bancaria de inicios de 1980, el ahora candidato presidencial de la Alianza fue declarado reo por fraude e infracciones a la Ley General de Bancos. Se mantuvo prófugo de la justicia por 24 días y sólo un recurso de amparo lo salvó de ir a la cárcel. Dos de sus socios y grandes amigos de entonces no corrieron igual suerte y pagaron con tres años de prisión su participación en los primeros negocios del ahora multimillonario inversionista.

por Ana Verónica Peña - La Nación Domingo

El 28 de agosto de 1982 está marcado en el calendario personal de Sebastián Piñera como el peor día de su vida. Uno que ha querido olvidar y dejar enterrado en el pasado, pero que no lo ha abandonado en sus pesadillas. Ese día, el entonces ministro Luis Correa Bulo declaró reo al ahora aspirante al sillón presidencial y ordenó su arresto por fraude en contra del Banco de Talca e infracciones a la Ley General de Bancos. En el mismo dictamen amplió los cargos contra Miguel Calaf y Alberto Danioni, a esa fecha socios de Piñera y controladores del Banco de Talca, quienes ya se encontraban recluidos en el Anexo Cárcel Capuchinos.

Piñera salvó de ser detenido porque, advertido de la decisión judicial, optó por huir del largo brazo de la justicia y se mantuvo oculto durante 24 días, tiempo que demoraron sus abogados en tramitar un recurso de amparo a su favor que le garantizó su libertad. Sólo entonces, volvió y se presentó a tribunales. De ello dio cuenta su esposa al responder los requerimientos de los detectives que concurrieron a su casa para arrestarlo.

A fojas 533 del proceso, la Policía de Investigaciones informa al Segundo Juzgado del Crimen: "Se entrevistó a doña María Cecilia Morel Montes, chilena nacida el 14.01.54, quien manifestó: ‘Efectivamente el 28 de agosto mi esposo tomó conocimiento de su orden de detención por lo que abandonó este domicilio sin rumbo conocido, ya que incluso de ello me enteré por otras personas, pues ni siquiera se despidió de mí, ni tampoco me dio explicaciones de su determinación. No sé en qué lugar se encuentra, pero sí sé que con sus abogados tratan de dar solución a su situación. El 29 de agosto me enteré por la prensa sobre la causa que estila mi marido".

FOTO_06 W:250 H:161 18 kbLa historia que dio origen a esa orden de detención había comenzado casi un año antes, cuando el 2 de noviembre de 1981, el Banco de Talca fue intervenido por la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF), nombrándose un administrador provisional. A esa fecha, se encontraba en cesación de pagos, con obligaciones vencidas a favor del Banco Central, a octubre de 1981, por alrededor de 38 millones de dólares. Piñera había sido gerente general de este banco entre marzo de 1979 y septiembre de 1980, un lapso comprendido en el período en que la justicia acreditó varios ilícitos cometidos por la administración de la institución financiera.

La causa judicial se originó a partir de una querella presentada por el liquidador del banco, Eugenio Silva Risopatrón, quien actuó en representación de la SBIF, en contra de los socios controladores y quienes resultaran responsables. Fue el Segundo Juzgado del Crimen el que emitió el 20 mayo de 1982 una orden de investigar, que dio inicio a la causa rol Nº 99.971-6, en la cual fue encargado reo el ahora inversionista de Lan.

Los abogados querellantes fueron Ricardo Rivadeneira que posteriormente fue el primer presidente de RN y Carlos Lira, en representación de los liquidadores del Banco de Talca, y Patricio González, por el Consejo de Defensa del Estado (CDE). El proceso perseguía delitos e infracciones a la Ley General de Bancos, a la ley orgánica de la SBIF (Arts. 26 y 26 bis de la primera y Arts. 19 bis de la segunda) y al Código Penal, por apropiación indebida y estafa.

En el caso particular de Sebastián Piñera, en su orden de arresto se imputaron, entre otros, los delitos de fraude contra el Banco de Talca.

A Sebastián Piñera se le enjuició como autor de infracciones a la Ley General de Bancos (ver recuadro) y cómplice en dos cargos de fraude cometido en contra del Banco de Talca y sus accionistas minoritarios.

Los hechos

Según los querellantes, el capital y las reservas del Banco de Talca alcanzaban al momento de su intervención a los 40 millones de dólares. La investigación judicial determinó que los créditos irrecuperables otorgados por la institución financiera sumaban 250 millones de dólares.

FOTO_07 W:200 H:253 14 kbEn su cartera de créditos, el Banco de Talca tenía más de 200 millones de dólares prestados a empresas relacionadas, es decir cinco veces su capital y reservas, cuando la ley permitía un límite máximo de sólo el 25% del mismo.

Pero había más. Las sociedades relacionadas no necesariamente tenían existencia legal y, según la investigación judicial, los controladores y ejecutivos del banco le otorgaron créditos a estas sociedades fantasmas sin ningún tipo de garantía. Según reconocieron los propios involucrados, estos créditos a empresas relacionadas estaban destinados a comprar con ese dinero acciones del propio banco. Ese era el modelo de capitalización que había ideado Piñera y sus socios desde las oficinas de Infinco, la sociedad de profesionales que constituyeron para asesorar al Banco de Talca en marzo de 1978.

Según informó la prensa de la época, el grupo llegó a constituir 150 empresas sólo con la finalidad de operar de esta manera. Pero tampoco fue todo. El Banco utilizó además mañosamente los beneficios que el Banco Central otorgaba en la época a los exportadores. Fingió una serie de exportaciones, a través de empresas chilenas de papel a compañías panameñas, también de papel, según consta en el proceso en un informe del auditor Iván Goic.

Cuando Investigaciones fue a detener a Piñera en su domicilio, sus socios Miguel Calaf y Alberto Danioni ya estaban presos desde hace más de un mes. En los meses anteriores, al menos 10 ejecutivos del banco y empleados del grupo habían prestado declaración para aclarar los hechos.

Uno de ellos, que actuó como apoderado de la Compañía Inmobiliaria e Inversiones Río Claro S.A. una de las empresas relacionadas, que obtuvo un crédito de 11,7 millones de dólares del Banco de Talca , declaró que tramitó el préstamo "a petición del gerente general de esa época, Sebastián Piñera, cumpliendo con un programa de capitalización fijado por el equipo ejecutivo del banco, a fin de completar un monto de capital suficiente para el desenvolvimiento normal de la entidad".

Río Claro no sólo estaba relacionada a los socios controladores del Banco de Talca del cual Piñera ya era accionista , sino también estaba relacionada directamente al entonces gerente general del banco. En efecto, un día antes de que el Banco de Talca otorgara el crédito a Río Claro, Piñera se asoció con Inversiones Sevilla una de las constituyentes de Río Claro para crear una tercera empresa: Indac. Inversiones Sevilla poseía a la fecha el 5% de las acciones del banco.

Calaf y Danioni declararon que ambos se encontraban fuera del país cuando al momento de ser cursado el cuestionado crédito y que la operación fue realizada por Sebastián Piñera.

Entre los antecedentes que el juez consideró para dictar la orden de detención contra Piñera, también estaba su propio testimonio entregado el 28 de julio de 1982 y que consta a fojas 407, 408 y 409 del expediente.

"Los créditos otorgados por el Banco de Talca eran una de las muchas fuentes de recursos de que disponían estas empresas, siendo posible que algunos de ellos hayan sido usados para propósitos distintos a la solicitud de crédito (...). Por lo anterior, no estoy en conocimiento que el crédito de 11 millones y fracción a la empresa Río Claro haya sido prestado a terceros para comprar acciones del banco, ni tampoco recuerdo esta operación en particular, la cual se produjo días antes de mi alejamiento del banco".

Río Claro es sólo una de las empresas relacionadas que recibieron créditos del Banco de Talca. La investigación judicial también se centró en la constitución de otras sociedades creadas especialmente para triangular recursos que permitieran capitalizar a la institución financiera, especialmente cuatro cuya constitución fue encargada por el propio Piñera, según declaró Patricio Roa, uno de los constituyentes que era, a esa fecha, empleado del grupo Calaf-Danioni.

"En el mes de junio (de 1980), no recuerdo bien qué fecha, el gerente general del Banco de Talca de esa época, Sebastián Piñera, me solicitó que fuera el representante legal de cuatro empresas que se estaban formando por necesidad del banco, y cuyos propietarios serían otras empresas del grupo Calaf-Danioni. Por considerar que era una muestra de confianza tanto de los dueños, como de la gerencia general, acepté el cargo ofrecido, las que se denominaron Los Montes, Tamarugal, Laguna Verde y Forestal Los Lirios".

Alberto Danioni respaldó esos dichos: "Estas cuatro sociedades agrícolas fueron ordenadas constituir por el señor Sebastián Piñera, gerente general del banco, con el objeto de que se hicieran cargo de las deudas vencidas o por vencer del señor Alejandro Zampighi y que resultaban inconvenientes para el banco mantenerlas así vencidas, obteniendo así un mayor plazo para su cancelación".

En este caso, el propio Sebastián Piñera reconoció en su declaración judicial haber autorizado los créditos, claro que sin aceptar responsabilidades ilícitas. "Reconozco haber estado en conocimiento de que estas empresas eran de reciente formación y que no eran sujetos de crédito solvente porque tenían escaso o nulo capital", señaló.

Recurso de amparo

Piñera salvó de la cárcel mediante un recurso de amparo que sus abogados tramitaron durante el período en que permaneció prófugo ante la Corte de Apelaciones de Santiago bajo el rol 22954, presentado el 3 de septiembre de 1982. El expediente hoy se encuentra extraviado. Sin embargo es posible reconstruir los hechos recurriendo a recortes de prensa de la época.

El 8 de septiembre, la Séptima Sala de la Corte de Apelaciones rechazó el recurso de amparo, por dos votos contra uno. En contra votaron los ministros Osvaldo Faúndez y Servando Jordán; a favor, votó Enrique Zurita. En los pasillo de tribunales, la decisión de Zurita no sorprendió: nunca suscribió un fallo en contra de imputados en delitos económicos.

El voto mayoritario estableció: "Que el mérito de los autos que se tienen a la vista, resulta que el mandamiento de prisión para los querellantes Sebastián Piñera Echenique, Emiliano Figueroa Sandoval y Carlos Massad Abud, ha sido expedido en caso previsto por la ley y con méritos de antecedentes que lo justifican y de conformidad, también, con lo dispuesto en el artículo 306 del Código de Procedimiento Penal".

Cuentan que fue notoria en esos días la presencia del obispo Bernardino Piñera Carvallo tío de Sebastián en el máximo tribunal, que tendría que pronunciarse sobre la apelación.

El 20 de septiembre de 1982, finalmente, la sala de la Corte Suprema constituida por los ministros Retamal, Ulloa, Letelier y por los abogados integrantes Enrique Urrutia y Enrique Munita acogió el recurso de amparo que dejó a Piñera fuera de las rejas.

El fallo estableció que "en el estado actual de la investigación no aparece establecido que los hechos que se imputan a los amparados tengan características delictuales, ni está ahora probado que ellos han obtenido provecho o el banco haya sufrido perjuicios resultantes de la actuación financiera de los recurrentes.

En tanto, Calaf y Danioni, que no recurrieron al amparo, pasaron varios meses detenidos en Capuchinos y finalmente fueron condenados a tres años de cárcel, sentencia ratificada en todas las instancias, incluidas la Corte Suprema y casaciones. Entre los delitos que se les logró probar, estaba el préstamo por más de 11 millones de dólares a Río Claro.

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Accionistas: En ese entonces, Carlos Massad, presidente del directoriro;Alberto Danioni, Vicepresiedente ejecutivo y Sebastián Piñera , Gerente General del Banco de Talca.

FOTO_02 W:200 H:210 20 kbBANCO DE TALCA

El Banco de Talca fue creado en 1884 y autorizado por D.S. N 05 del 27 de octubre de 1889, como una institución provincial. Desde entonces y hasta 1970, de acuerdo a registros oficiales de la SIBF, sufrió 23 modificaciones legales, permaneciendo siempre en manos privadas. Fue estatizado en 1971, quedando en poder de Corfo el 89,6% de las acciones. En 1972, bajo administración de la Corfo, adquirió los activos de la agencia que mantenía en Santiago el First Nacional City Bank, pues éste era el antecesor del Citibank, banco que inició operaciones con tarjetas en EEUU en 1965, emitiendo su primer plástico en 1967.

En noviembre de 1975, mediante una licitación pública, Corfo vendió el Banco de Talca, en una primera instancia, a 542 personas naturales y jurídicas de la Región del Maule, según la nómina de quienes suscribieron la "Proposición de Compra del 89,5% del Capital del Banco de Talca Formulada por los más Amplios Sectores de la VII Región", todos representados por el abogado Jorge Ovalle Quiroz.

Sin embargo, según consta en documentación de la SBIF y en las respectivas memorias institucionales, desde 1975 a 1977 hubo diversas resciliaciones de los contratos de compraventa y, por lo tanto, algunas de las acciones vendidas a estos oferentes volvieron a propiedad de Corfo para ser vendidas con posterioridad.

En esta licitación, el Grupo Calaf-Danioni, encabezado por Miguel Esteban Calaf Rocoso y su familia, dueños de Calaf S.A.C.I , adquirió más o menos el 26% de las acciones del Banco de Talca.

Posteriormente, el Grupo Calaf-Danioni recibió de Corfo otro paquete accionario a título de indemnización, originados en la presunción de que la familia Calaf habría sido propietaria de un paquete accionario del Banco de Talca antes de la estatización de 1971. El grupo Calaf-Danioni consiguió el control del Banco de Talca en los siguientes cinco años, llegando a adquirir en 1979 el 65% de su propiedad.

El 10 de abril de 1982, el Banco de Talca fue liquidado por la Superintendencia y comprado por el Banco Central de España. Su continuador legal fue primeramente Centrobanco, de propiedad del Banco Central de España; después, Banco Hispanoamaericano, Santiago, y Bansander Santiago, respectivamente.