por: Felipe Berrios s.jAproximándose el comienzo del año escolar, sería oportuno difundir como aliciente a profesores y apoderados el "Decálogo del Maestro", de Gabriela Mistral y, a los alumnos, presentarles los dechados del saber que ha producido Chile. Sin embargo, en estos días que se relacionan con el inicio de las clases, los medios de comunicación difunden las declaraciones del Servicio Nacional del Consumidor. Nadie pretende criticar la misión del Sernac. Pero esto es una muestra de una educación unida al consumo, fenómeno muy profundo que ha minado la enseñanza en Chile y ha producido un divorcio entre los apoderados y los profesores. Ya casi no existe esa complicidad en la cual el apoderado, agradecidamente, le confiaba su pupilo al profesor para que éste lo educara y formara. Y al profesor se le reconocía y otorgaba la autoridad necesaria para educar. Así, el profesor, junto con el establecimiento educacional, se hacían responsables integralmente del alumno. Hoy, el apoderado es más bien un consumidor y la educación, una mercancía. Por eso que al apoderado y a la prensa les preocupan más las recomendaciones del Sernac que las del Ministerio de Educación. Al "apoderado-consumidor" le interesará la educación sólo como mercancía, más aún si pagó por ella. Así, más que los valores que está recibiendo su pupilo, el nivel académico o su formación humana y cívica, exigirá rendimientos. Se fijará mucho en que su pupilo tenga buenas notas que le aseguren un buen puntaje y no le importará tanto si copió en la prueba, si realmente sabe la materia, si le interesa aprender y, menos aún, si es una buena persona. Sobre el establecimiento educacional, su preocupación serán los resultados obtenidos en la prueba nacional Simce o en la PSU. Esto genera establecimientos educacionales presionados por satisfacer al "apoderado-consumidor", mostrando cifras que alguien catalogó como buenos resultados educacionales, y aspirarán a aparecer destacados en algún ranking escolar. También se enfrentarán a un "apoderado-consumidor" prepotente que amenaza con demandar al colegio si su hijo es castigado, si se le pide cortarse el pelo o alargar el jumper, si se le exige en educación física o si por casualidad al caerse se magulló. Todo esto, al final, recae en el profesor que ya está vencido por el sistema y, muchas veces, se ha visto obligado a renunciar a su vocación de maestro, pues tiene que mostrar resultados, los cuales se entienden sólo en el ámbito de las notas y puntajes. Así abundan los seis y sietes. El alumno será el perjudicado por este divorcio. Sólo interesará que él rinda. En el fondo, él está solo. Tiene que crecer desguarnecido, sin un tutor que con autoridad y cariño guíe el arbolito. Los profesores, recargados de clases y viendo mermada su autoridad, pocas veces son capaces de influir, de corregir, de acompañar a crecer. Así, penosamente, catalogarán de "cachos" a los alumnos que requieren apoyo. Luego se encontrará el resquicio para expulsarlos y que no estorben en los resultados. Nuestra educación centra sus objetivos mezquinamente en los alumnos winners, los que rinden, en desmedro de los otros. Razón tenía la sabia Gabriela en su "Decálogo del Maestro", al advertirnos: "Acuérdate... de que tu oficio no es mercancía, sino que es servicio divino."
- by marmota -
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